Eva Lootz. Agua en dígitos vivos

El 29 de enero se clausuraba en el centro Galego de Arte Contemporáneo la exposición Cut Through the Fog de la artista Eva Lootz. Lootz nació en Viena en 1940 pero desde 1968 reside en España, donde compartiría territorio con el sector cultural en una época de dictadura contestada.

Recuerdo a la perfección mi primer encuentro con ella dentro del Máster en Arte Contemporáneo de la Universidad de Vigo. La presentaron como una artista matérica. Asistí a la charla, reacia a lidiar con una visión del arte de la que me considero distante. Salí muy cerca de Eva. Tanto es así que hoy en día nuestro contacto es frecuente. Y no hablamos de materia, hablamos de sociedad. Algo tendrá que ver en todo esto lo que entiende Lootz por arena: “Lo que se quisiera retener y no cesa de escaparse entre los dedos”.

Eva no sabe que me aventuro a hacer este escrito. Pensé en hacerle una entrevista, modesta, por correo electrónico. Lo descarté. Sus ojos inquietos y su mirada atenta navegan mejor en el ámbito físico que a través de una pantalla. Supongo que esta apreciación no es infrecuente hoy día. Tiene que ver con los lazos sociales que nacen, se mantienen y mueren en el devenir tecnológico posmoderno. Lenguaje binario, sentimiento retráctil. Tactilidad.

Eva Lootz está considerada como una artista centrada, en su primera época, en la experimentación en el campo de la pintura, interesada por las color field painters (superficies uniformes y amplios campos de color); y abierta en un segundo momento al diálogo con el arte povera[1], el minimal[2] y el land art[3] en unas prácticas precursoras del posminimalismo[4]. Esta es la parte física del trabajo de Eva. Pero hay mucho detrás de esto.

Hablábamos de tactilidad. Arena, sal, hielo, cobre… ¿Qué se esconde detrás? Eva Lootz reconocía en esa charla que ofrecía a los alumnos y alumnas de la facultad de Bellas Artes que, en sus inicios, trataba de huir de toda afirmación personal en un rechazo de la subjetividad tradicional. Esa misma artista es la que durante el mes de noviembre del pasado año, coordinaba un taller alrededor de la problemática de las minas de wolframio en Galicia (https://www.youtube.com/watch?v=tagyfH97M_A). Más de una decena de personas, en torno a aquella mesa, la escuchábamos hablar de geoeconomía.

Hubo un momento en el que entendió que el contexto en el que ella estaba produciendo arte no respondía a un tipo de industria artística que debiera estar desvinculada de la problemática social, ambiental, económica. Hubo un momento en el que Lootz introduce el habla en la arena y el sonido en el cobre. Las materias configuran letras y las letras crean lenguaje. Y ese lenguaje transmite ideas y, ahora sí, la artista toma posición.

De esta época del trabajo de Eva Lootz nacen sus obras centradas en la cuenca del Guadalquivir: Cuenca suspendida (2009) –el delta como red de comunicaciones–, Embalses 116 (2013), o Bajo Guadalquivir 272-1 (2009) donde, apoyada en los recursos de la tecnología digital, plasma los cambios del curso del bajo Guadalquivir a lo largo de 272 años en formas escultóricas. Todo ello gracias a la tecnología 3D. Eva Lootz advierte en varias entrevistas que, en un futuro no muy lejano, las guerras mundiales tendrán como objetivo el control del agua.

Este discurso gana cuerpo en la exposición La canción de la Tierra que en 2016 se expuso en el espacio Tabacalera de Madrid. Alrededor de cuatro materias básicas (la sal, el cobre, el agua y, reuniendo a todas, la electricidad), Lootz apremiaba a los visitantes a tomar consciencia de que todo lo que está bajo nuestros pies y nos sostiene, está armado por la materia que configura la tierra en la que vivimos. Reuniendo todo esto y como punto de inflexión en el devenir del ser humano, encontramos el invento de la electricidad. Luego de la electricidad, todo lo que vino. Todo lo que hoy en día nos es tan (des) conocido como necesario. Tan desconocido que obviamos de donde procede; y tan necesario que no nos permite entendernos como limitados, situados, condicionados, emplazados.

Con 76 años a cuestas, Eva Lootz encuentra en la época digital el mejor vehículo para una expresión contestataria a través del arte. Y no solamente esto; encuentra precisamente en el desarrollo tecnológico, de forma muy inteligente, la forma de llamar la atención acerca del hecho de que aquello que utilizamos como discurso (la propia tecnología), condiciona el propio discurso.

Campo de baterías, una obra en la que se pone de manifiesto la importancia y cercanía que en nuestra vida tiene el invento de la electricidad, advierte como, lo que la tierra ha alcanzado luego de millones de años de fotosíntesis –ser una auténtica macrobatería de biomasa–, en un juego casi pueril, se vaya descargando sin reposición aparentemente estudiada.

Ello me hace tener esperanzas alrededor de la posibilidad de emplear este nuevo lenguaje binario como plataforma de diálogo real entre distintas comunidades, distantes e incluso opuestas. A través del videoarte, de la impresión en 3D, de conexiones eléctricas, Eva dice: "La Tierra que pisamos está en peligro, se está consumiendo". Sus esculturas sobre el Guadalquivir denuncian: la lucha por el poder será por el control de recursos naturales. Sus obras sobre Rio Tinto o el wolfram gallego presagian: volverá la sal a definir la palabra salario.

Los dígitos binarios que dan pie a que el agua florezca en las esculturas del Guadalquivir son ecos de un lenguaje que hoy en día parece inconsumible. ¿Es correcto hablar de un lenguaje agotado? ¿Es correcto advertir que ese lenguaje en el que hablamos es este y que, al igual que el agua, tiene fecha de caducidad? ¿Cabe anunciar que la lucha por los recursos debiera ser una cuestión comunal y no especulativa? Materia y tecnología en Eva Lootz hablan de lo mismo: una apuesta por la autoconciencia y una premura en la actitud de resistencia que la tierra nos reclama como deudores del suelo que pisamos.

Leyendo, visitando y escuchando a Lootz, presiento que en su discurso resuena un filósofo alemán que apuntaba: Solamente donde Tierra comparece, Mundo aparece. Eva sabe bien que es solo bajo nuestros pies, en las materias primeras, retráctiles y resistentes, donde se puede encontrar la forma de seguir construyendo lenguajes e interpretaciones respetuosas con el Lugar en el que vivimos, y el que todas y todos tenemos que convivir.

Eva Lootz hace un análisis físico de la trayectoria del cauce del Guadalquivir durante 272 años. La tecnología dota a esta realidad física de una realidad digital traducida en lenguaje binario. Pero son aún dígitos vivos, dígitos que son capaces de entretejer una oratoria por la que aún discurre el cauce del río. Esa trayectoria que el agua hace se conserva en el lenguaje binario, que preserva la viveza del agua en un nuevo código.  ¿Somos capaces de pensar en un cauce digital por el que las palabras, como agua, fluyen libres pero con una trayectoria consciente y comprometida con el lugar del hombre en el mundo? Algo así propone Eva Lootz en su planteamiento de la incursión del arte en las nuevas formas de tecnología. O algo así percibí en su mirada aquella tarde en Compostela mientras me hablaba del wolfram.

“El agua, a donde quiera que vaya y a cada objeto que encuentre le hace la misma propuesta; hazte soluble, hazte viajero, de lo demás se encargará la corriente”. Eva Lootz.


[1] Expresión italiana que significa “arte pobre” y que define una corriente estética aparecida en Turín hacia 1967 como reacción frente al arte tradicional en la medida en que éste es considerado bello y de materiales nobles.

[2] El minimal art es esencialmente la pintura y la escultura abstracta y geométrica, creada en Nueva York durante los años sesenta. Siguen formas básicas como el ángulo recto, el cuadrado o el cubo.

[3] Tendencia del arte contemporáneo que usa los paisajes y los elementos de la naturaleza como escenario y medio para realizar obras de arte. Su principio más importante es intervenir en el espacio de la naturaleza.

[4] Es un estilo que nace en reacción al minimalismo, en contra de su rigidez geométrica, de su ideología austera. Y en oposición al Arte bien hecho, el postminimalismo aspira a un Arte sucio como un acto de provocación. Tiene una nueva sensibilidad que subraya la vulnerabilidad del Arte y de la vida. Concibe el Arte como objeto no comercial, como actividad artística, como comportamiento.

 
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