A lo largo de la Historia se ha “manejado” y utilizado la imagen de los gitanos relacionándola mayoritariamente con el folklore, lo andaluz, cuando no con fábulas y mitos. Un ejemplo claro lo encontramos en De Vaux. Cuando afirma que “ya no faltaba sino presentar a los cíngaros como seres extraterrestres, caídos de algún planeta a la tierra para llegar a ser los Hijos del Viento”. Está clara la utilización y la distorsión de la “imagen” de un pueblo en aras de invisibilizar y no reconocer una identidad étnica, con el objetivo de poder seguir legitimando la necesidad de tutela, caridad y paternalismo.

Magdalena Magnus aguardaba repantigada tras un escritorio de roble apolillado sobre el que había dispuesto una serie de artefactos, velas de colores y hachones de cera que le daban un aire de alquimista moderna. No había libros en las estanterías que pendían de la pared, sino pergaminos amontonados que olían a animales disecados. Ella misma, silueteada por la luz que penetraba desde la ventana ubicada a su espalda, parecía una funcionaria de la administración brujesca, secretaria de una secta mágica encargada de la recepción, catalogación y almacenamiento de arcanos imposibles. Nos conminó a que nos acomodáramos en dos sillas carcomidas por los apetitos de los insectos xilófago- Cuarenta y ocho horas no son nada en comparación con la longevidad del universo –dijo mientras prendía un hachón de cera ubicado a su espalda—; pero tenemos la obligación de aprovechar el tiempo en asuntos productivos. –Se incorporó y se acodó sobre el escritorio—. Sois una pareja disfuncional. Vuestro amor es dependiente. No he visto a la hembra gozosa ni al macho fecundador, sino a dos cachorros utilizando los mecanismos de la carne para obtener placer.

Si os paseáis por cualquier navegador y en el apartado imágenes tecleáis MIMOSA, flipareis. Dejaros llevar; dejad la mente en blanco y las emociones en modo atención. MIMOSA. De tanto en tanto cerrar los ojos y repetid, como si fuera el nombre de una mujer nabokoviana pero sonoramente labiopalatal: MI MO SA. Y, de nuevo, abridlos. Dadle al enter. Imagen a imagen. Ampliad la pantalla, acercaros a ella y dejad que os penetre la luz. Buscad otra y otra más, a cual más bella, más inmensa, más dulce, más abierta.

¿Te imaginabas hace diez años que lo primero y último que verías al despertar y al acostarte sería una pantalla de un teléfono móvil? ¿Y que unos, o más bien unas, robots inteligentes llamadas Roomba o Braava limpiarían tu casa? ¿Era posible concebir que la juventud podría hacer las tareas del cole con un solo click, y que con un segundo click y en décimas de segundo podría también ser conducida a una página con consejos para ser anoréxico? ¿Y que ya no nos comunicaríamos tanto con nuestras parejas mirándoles a los ojos sino enviándoles emoticonos?

El doctor de la clínica de fertilidad nos recomendó una mixtura de medicamentos para propiciar la fecundación; pero mi esposa es vegana, homeópata, anticapitalista y budista, así que después de escuchar la prescripción médica aprovechó el resto de la sesión para despotricar contra «el sistema neoliberal, sostenido sobre los pilares de las industrias alimentaria, farmacéutica y armamentística, todas ellas enfocadas a destruir la vida sobre la tierra a través de armas tan diversas como los tanques, los frutos transgénicos y los antidepresivos». El doctor mantuvo la compostura durante el alegato y yo asumí que había cometido un error intentando convencer a Carla de que la medicina occidental resolvería nuestros problemas de fertilidad. Cuando salimos del despacho, la pareja que esperaba su turno nos miró con una mezcla de incomprensión y lástima. Pagué la consulta y fuimos en busca de las bicicletas que habíamos amarrado a una farola.

Supongo que términos como radio, Wi-Fi, GSM, 2G, 3G, 4G, Bluetooth y DECT resultan familiares para la mayoría de vosotrxs. El uso del teléfono móvil ha pasado de ser anecdótico a imprescindible en un lapso de tiempo de veinte años, y los cables que empezaron a ser utilizados en los años ochenta para intercambiar modestos paquetes de datos entre ordenadores están pasando a la historia. Pocxs son ya lxs coleccionistas que aún conservan un ordenador de sobremesa en casa. No digamos ya un teléfono fijo conectado a la roseta que impide cocinar mientras se habla a través de él. A qualquiera tomarían por loco si hiciera el intento de tirar un cable desde el router a su ordenador portátil para conectarse a internet. Casi parecen ideas de la Prehistoria, y sin embargo todxs las hemos vivido y no somos tan viejxs.

Uno de los argumentos más clásicos –clásico como antiguo y muy citado– a favor de la filosofía es esa frase de Aristóteles apuntando que, cuando uno intenta justificar la inutilidad de la filosofía, ya se está sirviendo de ella. Claro que no es lo mismo la Atenas del s. IV a. C. y el alba del lógos que nuestromestizo s. XXI, doliente por las revoluciones fracasadas y obsesionado por la división y subdivisión del trabajo. Hay tantas ciencias como catedráticos y la filosofía está sometida a la misma lupa clarificadora: est lógica, esto retórica, esto metafísica. El estudioso se realiza profesionalmente con tal labor de discernimiento mientras el viento de la Historia va barriendo el pensamiento filosófico de los planes de estudio de Secundaria. Si es que alguna vez estuvo allí.

Le preocupa, dice y se ríe, irse por las ramas, por esa manía suya de acabar relacionando “que uno plante una cebolla en su casa y que toque la guitarra, con la Unión Soviética”. La conversación es un viaje por muchos lugares y él, mientras tanto, no se casa con nadie. Como el Bob Dylan que retrató Martin Scorsese, Pablo rechaza ser el profeta de otros y, aunque se muestra simpatizante de Podemos, le molestó que su cara apareciera como imagen de la campaña del partido en Asturias sin su consentimiento. El episodio recuerda a su demanda contra La Sexta (Atresmedia) por utilizar su canción A veces la vida es hermosa para promocionar una serie sin preguntarle; cosa que le hizo enrolarse en una disputa con la SGAE por los derechos de los autores.

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